Todos sabemos que no hay que poner todos los huevos en la misma cesta. El problema es que elegir cestas no es tan fácil.

Algunas empresas diversifican fusionándose con el proveedor más importante o con el cliente al que más facturan o incluso comprando diferentes negocios sin nada que ver entre sí. Sin embargo, esto no es nada habitual en el sector de la etiqueta, a diferencia de la diversificación horizontal. Muchos fabricantes de etiquetas lo que intentan cada día es encontrar productos nuevos que se puedan realizar partiendo de su experiencia y de su equipamiento, para entrar en clientes relativamente nuevos. Normalmente la idea nace vía clientes conocidos que compran algún producto, pero a los que por la buena relación cliente-proveedor, nos gustaría poder servirles aquello que están consumiendo en grandes cantidades. Si la inversión es sólo para servir a un cliente, el riesgo es muy alto y no suele materializarse. Cuando empezamos a investigar sobre otros productos impresos, más en boga en otros países que aquí o totalmente nuevos, es cuando la diversificación se convierte en una cuestión estratégica. Buscamos algo que mejore los resultados de la empresa y que nos permitiría salir adelante si por cualquier motivo la etiqueta dejara de ser suficientemente rentable para nosotros en un futuro no muy lejano.

Al revés de lo que aconsejaría el sentido común, los nuevos productos pretenden generar nuevas tendencias de mercado y consolidarse; hoy en día las necesidades no se cubren, sino que se crean, pero no siempre se hace con éxito. Así que muchos de los nuevos productos tienen una vida muy corta o directamente son rechazados por un mercado implacable. Son las cosas del marketing, que complican la vida a los que tienen que invertir para fabricar esos nuevos productos.

Los productos de packaging más populares incorporados en los últimos 10 años por los fabricantes de etiquetas serían el sleeve (shrink sleeves o mangas termoencogibles) y el wrap-around (o etiqueta envolvente). Otros, como el IML (in-mold label), no han tenido tanto éxito, de momento, en nuestro país. Pero hay más productos compatibles con la impresión en banda estrecha. En este sentido, los dos productos que más suenan últimamente son los pouches, bolsas con barrera con algún sistema para dispensar el contenido o mantenerlo cerrado y normalmente con un diseño complejo que les permite quedar de pie, y los sachets, también bolsas con barrera, pero normalmente de un solo uso y con un diseño más sencillo.

Estos productos forman parte de una nueva generación de soluciones llamadas “smart packaging”, que comprende dos categorías básicas: los embalajes activos, que alargan la vida útil del producto que protegen y los embalajes inteligentes, que modifican o controlan las propiedades de su contenido.

Sachets
Pouches

El informe The Future of Smart Packaging to 2021, elaborado por la agencia Smithers Pira, prevé un aumento del mercado de un 5% anual en el caso de los envases activos, generado a causa de los avances técnicos, que principalmente abordan la creciente preocupación de los consumidores sobre el desperdicio de alimentos y la seguridad alimentaria, y de un 18% en el caso de los envases inteligentes, aunque el punto de partida es más bajo, dado su elevado coste de fabricación. Este tipo de envases tendrá grandes oportunidades en el mercado farmacéutico, facilitando la trazabilidad y el control de falsificaciones. Las etiquetas farmacéuticas inteligentes y la integración de la tecnología NFC (comunicación de campo cercano) son un nuevo desarrollo que permite añadir valor.

La mayor parte de los dispositivos inteligentes permiten hacer el envase más atractivo para el consumidor. El estudio afirma que la demanda de otras formas de envases inteligentes se verá beneficiada por la búsqueda de una mejora en el atractivo de conservación mediante la utilización de componentes tales como tintas de color o la oportunidad de interactuar con el consumidor a través de su propio dispositivo inteligente.

En este sentido, Nilpeter lleva algunos años ofreciendo opciones para convertir las máquinas que básicamente son las mismas que se emplean para producir etiquetas o imprimir film, en máquinas polivalentes, preparadas para procesos de laminación necesarios para fabricar estos nuevos productos, impresión en huecograbado, con tintas, colas o coatings con base UV, agua o solvente, todo en uno. Se asume que el mercado al que el fabricante de etiquetas tendrá acceso es muy exigente en cuanto a  flexibilidad (tiradas cortas, variedad de productos y formatos grande, plazos de entrega cortos…). El ancho mínimo de la máquina para cubrir estas aplicaciones es de 420mm, lo que coincidiría con un ancho bastante habitual en etiquetas, tirando a grande. En cualquier caso, se queda un poco justo para el packaging, pero sería un primer paso en la diversificación con un riesgo bastante controlado.

Cuando los nuevos productos se hayan consolidado, es el momento de dar el segundo paso: mejorar la eficiencia ampliando el ancho de material hasta los 550-600mm, pero manteniendo los sistemas de producción de la banda estrecha, con cambios mucho más rápidos y mermas muy inferiores a las máquinas de hueco y flexo solvente, más anchas y complejas, que son las más comunes en los fabricantes de packaging. La impresora Flexo FA-6* de Nilpeter responde a estas necesidades. Con un ancho de 570mm, está diseñada con la misma filosofía que una máquina para fabricar etiquetas autoadhesivas, pero añadiendo soluciones nuevas para laminación de materiales que tienen propiedades y requerimientos distintos a la laminación de etiquetas, como una mayor sensibilidad a la tensión y una mayor necesidad de resistencia. El módulo MP-6 permite laminar materiales compuestos con adhesivos acrílicos de base agua o de base solvente, impresos mediante flexografía o huecograbado.